Negociaciones Climáticas: Un final de
año caliente.
Las
negociaciones internacionales en torno al cambio climático han tenido una
saludable y muy positiva señal en la reciente reunión convocada por
Este
preacuerdo nos invitaría a suponer que existirá una mayoritaria voluntad
política para arribar con prometedoras perspectivas a
Atravesamos
un momento extremadamente crítico en términos climáticos, por un lado por el
agravamiento inexorable del calentamiento global y por otro, el hecho que la
comunidad internacional no ha dado aún respuestas políticas que estén a la
altura del desafío. Nos aproximamos a la finalización del primer período de
compromisos establecidos por el Protocolo de Kyoto, acuerdo global que
estableció las primeras responsabilidades obligatorias para el mundo
industrializado para comenzar a reducir las emisiones de gases que provocan el
cambio climático. Su meta de reducción de un 5% para el período 2008-2012
resultó ser un primer paso en la dirección correcta, pero fue un paso casi
insignificante. Aún así, no fue adoptado por el intransigente gobierno de
Estados Unidos principal emisor.
Este
año comenzó con una abrumadora cantidad de información que corroboró la
gravedad de la situación climática global a través de la publicación del último
informe del IPCC (Panel Intergubernamental de Cambio Climático). Las evidencias
de crecientes impactos atribuidos al cambio climático y la inminencia de la finalización
de la primera fase del Protocolo de Kyoto, generan una situación de
incertidumbre en la esfera política internacional.
En
buena medida el futuro climático que atravesaremos en las próximas décadas
depende del resultado que la comunidad global alcance el próximo diciembre
cuando se deba diseñar cómo será la segunda fase de aplicación del Protocolo de
Kyoto. Un momento decisivo tan importante como cuando en 1997 se alcanzó la
firma de ese primer acuerdo.
Llegamos
a esta instancia con enormes dificultades. El principal país emisor no está
dentro de las reglas de juego impuestas por este acuerdo, sin Estados Unidos
dentro de un régimen de reducción no tenemos muchas oportunidades de éxito a
futuro. A esta ya conocida oposición de Estados Unidos y Australia a la
ratificación del Protocolo de Kyoto debemos sumar las recientes discusiones en
Viena que mostraron que varios países estuvieron trabajando firmemente para que
el rango de reducciones a negociar en Bali sea mucho
menor. Ellos fueron Japón, Canadá, Nueva Zelanda, Rusia y Suiza. Estos países
intentaron introducir menores valores de reducción que tendrían como
consecuencia una suba de la temperatura global de unos 4° C durante este siglo.
El consenso científico mayoritario indica que debemos permanecer por debajo de
una suba de 2° C respecto de los niveles pre-industriales
para que los daños del cambio climático sean “tolerables” en términos humanos,
ambientales y económicos.
Nada
hace suponer que esta discusión se cerró en Viena cuando finalizó la reunión en
la última semana de agosto. Por el contrario, Estados Unidos prepara una
reunión durante septiembre, algo así como una “Cumbre de los Grandes Emisores”,
fuera de la órbita de Naciones Unidas, a la cual fueron invitados los ocho
países más industrializados (G-8) –Alemania, Canadá, Francia, Italia, Japón,
Reino Unido y Rusia – y las grandes economías emergentes –Australia, Brasil,
China, India, Indonesia, México, Sudáfrica y Corea del Sur –, las principales
naciones contaminantes. El objetivo obvio es escapar al escrutinio multilateral
que representa
Además,
en ambos enfoques se comienza a incluir un aspecto que ya no puede demorarse
más, la incorporación de países no industrializados dentro del esquema de
reducción de emisiones para la próxima década. Algo necesario, dada la enorme
cantidad de emisiones que hoy en día representa el mundo en desarrollo. Pero la
incorporación de estos países necesita de negociaciones muy cuidadas para
garantizar el derecho al desarrollo, las cuestiones de equidad y para mantener
el principio que las naciones industrializadas deben realizar los mayores
aportes en la materia.
Llegaremos
a Bali en diciembre próximo en una situación de alta complejidad,
allí tendremos una nueva oportunidad para diseñar un esquema global de
reducción de emisiones que sea equitativo y creíble o, por el contrario,
tendremos otro fracaso que difícilmente podamos reparar en el futuro. Las
propias predicciones del IPCC lo señalan, lo que hagamos durante la próxima
década es determinante para que la curva de ascenso de las temperaturas
globales se dispare definitivamente o, que comience a tener un comportamiento
de desaceleración que nos permita tener esperanzas que la humanidad tiene
capacidad para enfrentar el mayor desafío ambiental y de desarrollo humano
durante este siglo.
(*) Conversaciones que bajo el auspicio de
Por:
Juan Carlos Villalonga
Director
Político. Greenpeace Argentina
Zabala 3873 . (1427) Buenos Aires. República Argentina
Tel: 54
11 45518811