Así
terminó la Cumbre del Clima
La soledad de EEUU y la
contradicción del Sur
Finalmente finalizó la COP-11 y MOP-1 de la Convención de Cambio Climático
donde casi 10.000 persona participaron, siendo 141 países los que ratificaron
el Protocolo de Kioto y unos 35 quedaron en la gatera esperando que el planeta
sucumba, entre ellos EEUU.
Luego de debatir dos semanas
técnico y políticos del mundo, en las últimas horas de este sábado Rusia y
Estados Unidos pusieron diferentes obstáculos que retrasaron la decisión, pero
finalmente los gobiernos reunidos en Montreal adoptaron resoluciones que nos
ponen un paso más adelante en la consolidación del Protocolo de Kioto.
Desde Montreal, Canada nuestro corresponsal Gerardo Honty de la ONG CEUTA de
Uruguay -miembro del Foro del Buen
Ayre- nos explica lo acontecido.
Una de las cruciales en esta
COP/MOP era cómo se iban a comenzar a discutir los compromisos post 2012. A
pesar de las posiciones encontradas que se estuvieron manejando durante estas
dos semanas, finalmente los gobiernos acaban de aprobar una decisión que
declara iniciada las negociaciones por las metas para el segundo período de
compromiso (2013-2017), que comenzará con un workshop en el mes de marzo y
deberá concluir con antelación suficiente como para que no se corra el riesgo
que quede un "bache" (gap) entre el final del primero y el comienzo
del segundo período de compromiso.
Ya durante la semana se habían adoptado una serie de resoluciones importantes
relacionadas con los temas de Adaptación, inclusión de la deforestación como
medida de mitigación, cumplimiento de los compromisos, etc. que mantienen el
rumbo trazado por el Protocolo de Kioto cosa de la que no se tenía certezas al
inicio de esta Conferencia. Si bien no se ha alcanzado una fecha precisa para
concluir el acuerdo sobre el segundo período de compromiso esta conferencia
tenía el mandato de iniciar las negociaciones para el período post 2012 y eso
fue lo que hizo. Como es habitual también en la Convención, se avanza pero
demasiado poco en cada oportunidad y esta no fue la excepción. También mostró
como han evolucionado las posiciones de los países y grupos de países.
La soledad de Estados Unidos
A modo de balance muy preliminar, recién terminadas las negociaciones parece
que el resultado es positivo, en tanto pudo sortearse uno de los escollos que
aparecían como más difíciles la semana anterior: el bloqueo que Estados Unidos
pretendía imponer en las negociaciones. Más que nunca parece haber quedado en
soledad esta vez el gobierno de los Estados Unidos -y más concretamente la
administración Bush- cuando hasta el propio Clinton dijo ante todo el Plenario
y los miles de personas instaladas frente a los monitores, que simpatizaba con
el Protocolo de Kioto. Por otra parte Canadá, su antiguo socio en el
"Umbrella Group" ha ejercido un liderazgo importante en la conducción
de esta COP a través su Primer Ministro Paul Martín y el también canadiense
Dion, presidente de la Conferencia
Paul Martín dijo en su discurso al abrir el segmento de alto nivel el pasado
miércoles 7 que "el cambio climático es un desafío mayor, que requiere una
respuesta global, aunque hay naciones que resisten, voces que tratan de
disminuir la urgencia o desechar la ciencia, o declaran, con la palabra o la
indiferencia, que este no es un problema que nos corresponda resolver", en
una clara alusión a la actitud de Estados Unidos durante la COP-11. Y por si
quedaban dudas agregó: "Ya pasó el tiempo de pretender que una nación
puede quedarse sola, aislada de la comunidad global, porque tenemos una sola
Tierra y tenemos que compartirla, y no puede haber lugar donde esconderse
-ninguna ciudad en ningún país no importa cuan próspero sea- de las
consecuencias de la inacción".
Unión Europea: el parlamento por más
La Unión Europea ha sido siempre de los bloques más "progresistas" en
lo que al problema del Cambio Climático se refiere, empujando hacia compromisos
de reducción mayores y apostando a las fuentes renovables de energía. En esta
conferencia mantuvo ese perfil aunque hubo algunos titubeos por parte de Italia
en el último tramo de la Conferencia. Pero más allá de las posiciones de los
gobiernos de los 25 países de la Unión, seguramente pesa la opinión del
Parlamento Europeo que votó por 450 votos contra 66 una reducción del 30% de
las emisiones para el año 2020, casi al final del período de compromiso que
ahora se está discutiendo.
Para la Unión Europea, el movimiento de una economía basada en combustibles
fósiles hacia fuentes renovables no responde sólo al problema del cambio
climático o las demandas de los movimientos ecologistas.
También responde a un problema de seguridad en el suministro de energía y a la
necesidad de expansión de su creciente producción de equipos y tecnología en el
área de las energías renovables.
El G77 + China
El solo nombre de este grupo de países ya da cuenta de sus complicaciones. Para
empezar no son 77 sino que son 130 y China no está afuera sino adentro. Y muy
adentro. Pero debe conciliar sus intereses con países tan diversos como
Uruguay, India o Arabia Saudita.
China, que espera multiplicar varias veces sus emisiones por el uso del carbón,
Arabia Saudita que obstaculiza todo lo que puede las negociaciones para no
liquidar su negocio petrolero, Brasil con el mayor índice mundial de emisiones
derivadas de la deforestación, lideran un grupo de países, la mayoría de los
cuales no tiene petróleo, que está sumido en la pobreza y serán los más
afectados por el cambio climático. A pesar de ello ha logrado mantener un
bloque que actúa bastante monolíticamente en el ámbito de la Convención de
Cambio Climático.
El G77 + China en esta COP-11 ha mantenido su histórica posición de no asumir
compromisos de reducción de emisiones con el argumento que la responsabilidad
del cambio climático es de los países desarrollados y son ellos quienes pagar
el costo de la reducción. Si bien esto es cierto, no es menos cierto que para
el año 2017 (cuando finalice el período de compromiso que ahora se está
negociando) la brecha entre las emisiones de los países del G77 y las de los
países industrializados se habrá reducido bastante y, si no consideramos a
Estados Unidos que está afuera del Protocolo, seguramente haya desaparecido.
El Norte del Sur
El argumento más poderoso que tienen los países en vías de desarrollo son los
dos mil millones de personas que aún no tienen acceso a la energía. Para lograr
satisfacer esas necesidades es necesario acceder a estadios de desarrollo
superiores y para ello deben recurrir a fuentes energéticas abundantes y baratas
-pues hacerlo con modernas fuentes renovables resulta excesivamente costoso- y
es inevitable entonces, además de justo, que los países pobres aumenten sus
emisiones de gases de efecto invernadero.
Sin embargo abastecer con energía suficiente a esas dos mil millones de
personas solamente significaría un aumento de 0,26% en las emisiones globales
mundiales. El problema es que nuestros países siguen aplicando la teoría del
"goteo" para mejorar la calidad de vida de los más pobres: primero
mejoran los ingresos de las clases medias y altas y por impacto de ese
crecimiento, mejora la condición económica de los más desfavorecidos.
Esto -además de llevar décadas de pruebas en contrario- esconde el problema
principal: la verdadera razón por la que los dirigentes de los países en vías
de desarrollo no quieren asumir compromisos de reducción de emisiones, no son
los dos mil millones de pobres, sino los escasos millones de personas que
ocupan las clases medias de esos países que quieren sostener una vida igual a
la de las capas medias de los países desarrollados.
Lo que no alcanzan a vislumbrar las clases medias de los países en desarrollo
-como tampoco la mayoría de los desarrollados- es que los recursos de la Tierra
y la porfiada ley de la Termodinámica impiden que todos los seres de este
planeta mantengan el estilo de vida que las clases medias y altas de los países
-ricos y varios pobres- hoy ostentan. No hay duda que la responsabilidad
histórica mayor la tienen los países ricos, como no hay duda que deberían
pagar la cuenta de la transición hacia estilos de desarrollos menos
contaminantes. Pero también es cierto que buena parte de las clases dirigentes,
elites económicas y estratos altos y medios de las sociedades "en vías de
desarrollo" se beneficiaron y se benefician de una cuenta de carbono que
ahora le quieren cobrar a los países ricos como si ellos no tuvieran nada que
ver.
La postura de G77 + China en la Convención de Cambio Climático sería respetable
si el crecimiento económico -y consecuentemente de emisiones- se reflejara en
un incremento correlativo en la calidad de vida de los estratos más pobres de
esos países. Pero no es eso lo que ocurre, sino que cada vez se amplía más la
brecha entre el "Norte" y el "Sur" que hay dentro de los propios
países en vías de desarrollo. En la medida que se siga reivindicando el
"derecho al desarrollo" como el derecho de las clases medias y altas
a tener un estilo de vida como sus pares de los países ricos, el reclamo no
tendrá ninguna legitimidad.
Entender este problema y encontrar la solución dentro de los países del G77 +
China será sin duda una contribución sustantiva a destrabar las negociaciones
de la Convención de Cambio Climático. Sin dejar de reconocer que tanto o más,
deben aportar los países desarrollados.